El Cuentista Estaba solo en la habitación, sentado en una esquina, sin ninguna inspiración, sentía el alma vacía, el corazón aletargado; todo aquello que antes le ilusionaba, escribir, inventar, sentir, se volvió indiferente. Pensaba, que tenía muchos compromisos aun, cientos de cuentos por entregar y nada que le diera una razón para escribir, siguía intentándolo, el piso cubierto de páginas repletas de letras que carecían de sentido. Sumido en su gran pena, escuchó una voz que suavemente le dijo –No te preocupes, aquí estoy-, giró a su alrededor, buscando la fuente de ese sonido, nada había, creyó volverse loco, quizás no fuera más el fruto de su depresión, volvió a agachar la cabeza, entonces, un escalofrió le recorrió la espalda al sentir que una mano acariciaba su nuca, se puso en pie de un salto, esperando que se revelara ante él la causa de su espanto; pero de nuevo, ¡nada! ¿Podría ser fruto de la locura? Quizás las lágrimas que caían p...